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Música

Fallece a los 91 años el saxofonista y compositor navarro Pedro Iturralde

Adiós al hijo del molinero que hizo grande el jazz

Pedro Iturralde.
EFE
01/11/2020 a las 11:13

El saxofonista Alberto Arteta, profesor del Conservatorio Superior de Música de Navarra, tuvo hace un tiempo un alumno ruso, de algún lugar de Siberia. Allí, a miles de kilómetros de Navarra, los estudiantes de música como él, debían aprender a tocar dos canciones escritas por un navarro de Falces, Pedro Iturralde Ochoa, que falleció este domingo en Madrid a los 91 años. Toda una muestra, dice Arteta, del “respeto” que genera por el mundo la figura del músico navarro, precursor del jazz y de la fusión en España, pionero en los estudios de saxo en los conservatorios, premio Príncipe de Viana y uno de los músicos más notables e influyentes de España en el siglo XX, el único junto a Tete Montoliú incluido en el Diccionario de Jazz de Larousse.


Es probable que aquellas dos piezas que debían interpretar los jóvenes músicos rusos fueran la Suite Helénica y La pequeña Czarda, dos de las composiciones más reconocibles dentro de todas las que escribió y tocó Iturralde, que compartió discos o escenarios con músicos como Paco deLucía, Donald Byrd, Lee Konitz, Hampton Hawes, Gerry Mulligan y tantos otros. “Esas composiciones han tenido versiones en todo el mundo. Llegan a la gente al corazón”, señala Mikel Andueza, saxofonista navarro que fue alumno de Iturralde. “En España fue el primer saxofonista de importancia. Cuando era chaval le podíamos ver en la tele, en programas de máxima audiencia. Y fue un buen profesor, una persona muy respetuosa y educada, muy viajado. Un caballero”.


La música permitió a Iturralde viajar por casi todo el mundo, desde sus comienzos como profesional. Eligió pronto el camino de la música. Nacido en 1929, era hijo del molinero de Vergalijo, junto a Miranda de Arga, y su padre, aficionado a la música, les tocaba por la noche mazurcas, habaneras o jotas. Cuando Pedro Iturralde tenía solo cuatro años a su padre le trasladaron a Falces, a la fábrica de harinas, y el mundo “se le hizo trizas”, recordaba el saxofonista en una entrevista en 2007. Para colmo, llegó la guerra y la escasez. Y, paradojas de la vida, también la música. “Los músicos del pueblo habían estado en bandas militares y habían aprendido un montón”, decía. Fue el momento en que su profesor de solfeo, Julio Martínez Requena, pianista, descubrió su talento y le metió en la banda que dirigía. Fue también cuando llegaron los dos primeros saxofones a Falces. “Mi padre me colgó uno cuando tenía nueve años y me enseñó a tocarlo. Aquello me llenó de autoestima”.


Con el tiempo, Iturralde se conviritió “una referencia absoluta para los saxofonistas, sobre todo teniendo en cuenta cuándo lo hizo, cuando era muy difícil”, dice Mikel Andueza. “Ha tenido un gran mérito como intérprete y como compositor”, dice otro de los grandes nombres propios del jazz en Navarra, Javier Garayalde, que recuerda también la figura de Javier, el hermano de Pedro, fallecido en 2006. “Era su mano derecha en los arreglos, en las armonías...“ Recuerda Garayalde que en aquellos tiempos había pocos saxofonistas buenos, “no como ahora que hay muchísimos”, pero que Iturralde “fue la referencia, el que tuvo proyección”.


Desde los 15 años


Con apenas 13 años, curtido ya como músico en la banda de su localidad y las fiestas de los pueblos, Pedro Iturralde descubrió el jazz, en casa de Francisco Manuel Allo, que dirigía en Falces un quinteto de baile. “Nos enseñó una habitación llena de de discos que había traído de América. Y nos puso aquella música que me abrió un nuevo mundo. ¡Era la de Duke Ellington, Louis Armstrong, Artie Shaw, Lester Young!”, decía en aquella entrevista antes de recibir el Príncipe de Viana, en el que recordaba haber crecido “oyendo a mi alrededor decir que la música no era una profesión, que el saxo era un instrumento de circo y que el jazz no era música”.


Apenas dos años después, recibió su primera oferta profesional. Se la hizo un músico de Logroño, Tomás Fernández Iruretagoyena, para tocar en un grupo en el Café Comercio de la ciudad. Fue el comienzo de una trayectoria que iba a hacer del joven falcesino un músico internacional, que tocó en Lisboa, Marrieco, Argelina, Tunez, el Líbano... que pasó en Grecia un año, justo después de pasar el servicio militar en Navarra y terminar la carrera de saxofón en Madrid, que actuó en las bases americanas en Alemania y que de vuelta a España, a Madrid, compartió escenario con grandes figuras de la época en el Whisky Jazz Club. También hizo grabaciones para artistas como Raphael, Mocedades, Amancio Prada... En 1972 se trasladó a Estados Unidos para estudiar en el Berklee College of Music, de Boston, por el que fue becado. Ese mismo año le concedieron el primer premio en un concurso de composición, en Mónaco, con la pieza Like Coltrane. En 1978 ganó de nuevo un galardón, esta vez el segundo premio de composición, en el Festival de Mónaco, con la composición Toy. En 2005, grabó un doble álbum con su actuación en el Festival de Jazz de Vitoria.


Pero no solo fue músico de jazz. Se le ha llamado el inventor del flamenco jazz y también ha tocado con orquestas sinfónicas, como solista. De hecho, fue el primer catedrático de jazz clásico en el Conservatorio de Música de Madrid, hasta que se jubiló en 1994. “Iturralde era una rara avis, una eminencia en el saxo clasico, y jazz, algo que solo pasaba con él”, dice Alberto Arteta, que destaca tanto su carácter “inovador como su cercanía al folclore y a lo popular”. “Fue un pionero del jazz y por lo que me han dicho un buen profesor”, dice otro músico navarro, Angel Otxotorena.


“Era un icono del jazz español y que fuera navarro, de manera consciente o inconsciente, ha determinado a que muchos nos hayamos dedicado al saxofón, al jazz y las músicas improvisadas”, dice otro músico navarro, Josetxo Goia-Aribe que se siente unido a Iturralde por “oficio y gentilicio”, aunque le separe la “estética”, “más en la corriente afroamericana del jazz” la del falcesino y más en las corrientes europeas la de Goia-Aribe. “Fue una persona con una enorme vitalidad como músico, que daba concierto con más de 90 años”.


De hecho, el último lo ofreció en Toledo, en septiembre del año pasado. Le acompañó Mikel Andueza, como en el homenaje que en mayo de 2019 le ofrecieron en el Teatro Gayarre junto a Alberto Arteta y Javier Garayalde. Al fin y al cabo, decía Iturralde que cuando tocaba no sabía qué edad tenía, que se evadía y se le olvidaban todos los problemas.


Perdió a su mujer, Paquita López, con la que quien no tuvo hijos, y a su hermano Javier, en 2006, un año antes de recibir el Príncipe de Viana. Desde entonces, su única satisfacción era la música. “Ahora es lo que me salva”. Cuando le entrevistaban, decía que sentía no como “un saxofonista de jazz” sino “como músico.

Compongo y además del saxo, toco el piano, el clarinete, el violín y la guitarra”. Y defendía el jazz a su manera. “El jazz es un lenguaje esencialmente mestizo, intercultural y visceralmente contaminado por todas las raíces musicales que ha ido utilizando a lo largo de su historia. En el jazz tienes que ser tú mismo, así que yo soy yo mismo y mi música es una música ecléctica”.

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